El golpe de Estado en Egipto se inició en realidad en febrero de 2011, cuando la Junta militar tomó el mando del país. Lo ocurrido en los últimos días solo confirma una realidad que muchos –incluidos gobiernos occidentales– se negaron a admitir, dando legitimidad a un proceso de transición controlado y maniatado por los generales egipcios.
Desde la caída de Mubarak y en nombre de la estabilidad, la cúpula del Ejército ha amparado la represión –que ha causado más de cien muertos y miles de heridos en un año (ver vídeo)–, los arrestos arbitrarios, los juicios militares a civiles, la censura e incluso los “exámenes de virginidad”, un eufemismo empleado por los oficiales para referirse a los abusos sexuales sufridos por mujeres manifestantes a manos de militares.